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sábado, 15 de noviembre de 2014

MADRID MIRA A BOGOTÁ... ¿QUIÉN MIRA POR NOSOTROS?


Decía Victor Hugo que la libertad empieza donde acaba la ignorancia. Y un claro ejemplo lo tenemos en Bogotá, donde su alcalde, Gustavo Petro, en un ejercicio propio de un tirano, cerró la plaza de toros de La Santamaría privando de su libertad a aficionados, profesionales y aspirantes. Y por eso, figuras del toreo y demás profesionales arroparon en Bogotá a esos novilleros, esos héroes, que se desviven por recuperar su libertad y luchar por su futuro; al igual que también desde Madrid se miró a Bogotá, en una concentración que, desgraciadamente, no tuvo la relevancia que debería haber tenido.
No cabe duda de que hay que luchar por la causa de Bogotá, pero ¿qué pasa con España? Porque la situación de la fiesta, dentro de casa (y en general), aunque no lo queramos ver, invita al pesimismo.
Solo basta con echar la vista atrás unas pocas décadas y comparar. Porque sí, las comparaciones son odiosas y, en este caso, cualquier tiempo pasado sí fue mejor. Los toros han ido desapareciendo en muchas localidades, ante la impasibilidad del sector. Esta amenaza fue creciendo y en 2010 nos dimos cuenta: se prohíben los toros en Cataluña, y en 2011 la monumental de Barcelona cierra sus puertas. Han pasado más de tres años... ¿y cuál ha sido la respuesta del sector? Pues eso. Seguimos (y no sabemos por cuanto tiempo más) esperando a que el Tribunal Constitucional dicte sentencia sobre el recurso de inconstitucionalidad presentado contra esta decisión del Parlamento catalán mientras miramos a otro lado. ¿Es todo lo que vamos a hacer por Barcelona y Cataluña entera? Pero ojalá fuera solo Barcelona. En 2011 Bildu llega a la alcaldía de San Sebastián; y dos años después, por capricho suyo, también prohibió los toros en el coso de Illumbe. Llevamos dos años sin toros en una plaza tan relevante como la de San Sebastián. ¿Y qué se ha hecho? De nuevo, nada. Otra plaza agoniza, y parece que miramos para otro lado. Plazas como la Coruña necesitan un impulso grande y las figuras se olvidan de ella, empresarios dejan tocadas y hundidas muchas plazas por las que pasan... Se creó el famoso Pentauro, se declaró la tauromaquia Patrimonio Cultural de España... ¿Y de qué ha servido?
Y así podríamos seguir enumerando problemas que hacen que el futuro de la fiesta en nuestro país sea cada vez más negro. Empezando por la propia sociedad, por cómo está cambiando la visión del toreo. Y es que estamos viendo cómo palabras como arte, espectáculo o cultura, con las que siempre se ha identificado la tauromaquia; se están cambiando por tortura, maltrato o sadismo. El torero, antaño artista admirado por la mayoría de la sociedad, héroe y espejo de niños y adultos; es ahora concebido, cada vez por más gente, como un torturador. ¿A qué se debe?
Puede ser que exista un cambio de mentalidad, que la sociedad se haya sensibilizado con los animales (hasta casos recientes que rozan el ridículo). Puede ser. Pero puede que nosotros también tengamos culpa. ¿Os suena eso de "renovarse o morir"? En este panorama que nos encontramos, si no sabemos vendernos y abrirnos a la sociedad, estamos perdidos. Porque los tiempos cambian, pero el sector taurino parece que no. La cultura taurina cada vez llega a menos gente y nos consideran como algo pasado, antiguo. "¡Los toros son una cosa de viejos!", nos dicen. Y lo seguirán diciendo mientras no consigamos , o por lo menos intentemos, que la fiesta de los toros se vea como un ámbito normal en la sociedad, como algo del presente y esperemos que del futuro. Como joven y aficionado, yo y otros tantos como yo, muchas veces nos sentimos solos, decepcionados al ver como cada vez menos chicos y chicas comparten nuestra afición. Porque que te digan "¿te gustan los toros? pues qué raro...", cada vez con más frecuencia, te hace pensar, y también desilusionarte. ¿Si no logramos enganchar a los jóvenes, cómo vamos a sostener esto en el futuro?
Pero lejos de abrirnos a la sociedad, de presentar y defender la fiesta de los toros sin complejos, otros prefieren seguir encerrados en nuestra burbuja. Y así nos va.
Los toros desaparecen de los medios. TVE nos engañó y después de dos retransmisiones en dos años, volvió a olvidarnos. En los telediarios se habla de concentraciones de unos pocos antitaurinos a las puertas de las plazas sin contar que dentro de ellas miles de aficionados disfrutan de una tarde de triunfo. Información sesgada que nos hace daño, y mucho. La tauromaquia se ataca en los medios y en la sociedad sin piedad; pero pocos son capaces de defenderla sin complejos.
Y lo que es más grave, el propio sistema taurino cada vez está cansando más a la afición. Para qué queremos antitaurinos, si muchas veces parece que los tenemos entre nosotros. Y para colmo, el ascenso de fuerzas políticas que llevan en su programa la abolición de la tauromaquia es una realidad, y cada vez de mayor peso. El panorama, amigos, es para mí muy preocupante.

Bogotá y esos héroes que arriesgan su vida por su libertad merecen la más absoluta, cariñosa y sincera admiración por su demostración de honor y valentía en la lucha por la libertad. Son un EJEMPLO. Y aprovecho para expresar mi máximo respeto por ellos (#fuerzanovilleros).
Por eso, Madrid y el mundo del toro mira a Bogotá, pero... ¿QUIÉN MIRA POR NOSOTROS?

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