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domingo, 19 de abril de 2015

Así se viene a Madrid. Puerta grande para Roca Rey en Las Ventas

Foto: Álvaro Marcos
Para ser torero, primero hay que parecerlo; y quien quiere llegar a serlo tiene que demostrarlo. Eso es precisamente lo que ha hecho en la tarde de hoy Andrés Roca Rey, que se presentaba en la plaza de Las Ventas con la falta de oficio propia de un chaval de 18 años que apenas lleva un año como novillero con caballos; pero con las ganas y la actitud propias de quien quiere llegar arriba en esto del toro.
Vino Roca Rey dispuesto a dejarse todo en Madrid, con una actitud irreprochable desde el primer momento, entrando en sus quites correspondientes, replicando a los de sus toros, valiente, dispuesto y decidido. Lo que se dice estar en novillero, vaya. Pero no todo fue actitud, sino que el peruano también dejó impronta de su buen concepto del toreo, templado, de mano baja y trazo largo.
Un concepto que en su primer astado solo quedó patente en la tanda inicial, ya que en esa faena solo dos muletazos de esa serie se pueden destacar. A partir de ahí, voluntad innegable y firmeza del novillero ante un animal bruto y complicado que le levantó por los aires después de avisarle hasta tres veces por el pitón izquierdo. Una estocada baja fue la antesala de la petición de una oreja, que, para ser fiel a la verdad, no debería haberse concedido.
Con el sexto se repitió el guión, dando el peruano los mejores muletazos de la tarde, templados y ceñidos, también en la primera parte de la faena, que continuó con la firmeza y arrojo del chaval como claves de la misma. En parte la inexperiencia y en mayor medida sus ganas hicieron que Roca Rey sufriese un par de feas volteretas tras las cuales volvía a la cara del toro como un león. Una media estocada en buen sitio fue suficiente para hacer rodar al novillo y cortar una oreja de ley que le abría una (discutible) puerta grande con la que a buen seguro llevaba días soñando. Los tres puntazos que llevaba en sus piernas no le impidieron atravesar a hombros esa puerta grande antes de pasar por la enfermería.
Puerta grande discutible como digo, emborronada por esa primera oreja que no debió ser concedida y premio quizás excesivo para el peruano. Pero lo que no se puede discutir es la ejemplar entrega, valor y disposición de Roca Rey en la plaza de Madrid. Da gusto ver a un novillero venir a comerse el mundo, algo que tendría que ser lo usual, pero que tristemente cada vez es más difícil ver. Enhorabuena.

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