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sábado, 20 de junio de 2015

La "fina" soberbia y la hipocresía en el mundo del toro

Foto Álvaro Marcos
Resulta bastante gracioso ver cómo se nos llena la boca diciendo que la fiesta es un espectáculo democrático, pero aquello de que "el cliente tiene siempre la razón" aquí se aplica solo a lo que conviene. Y es que cuando el público saca los pañuelos para pedir las orejas, tiene la razón; cuando saca los pañuelos para pedir un indulto, tienen la razón; cuando aplaude durante una faena premiando a un torero, tiene la razón; cuando protesta durante una faena porque no le gusta lo que está viendo... ¿lo lógico no sería que también tuviese la razón? Parece ser que no. Una fiesta en la que solo se admite una opinión en ningún caso se puede decir que sea democrática.
La soberbia nunca es buena compañera, y eso se lo tendría que apuntar Juan Serrano Finito de Córdoba; que se no solo se atreve a mandar callar en un gesto chulesco a quienes no están conformes con su toreo; sino que además considera esas discrepancias "una falta de respeto gratuita". Imagino Finito que sabrás que todos esos aficionados a los que mandaste callar pagaron sus entradas para verte, y por ello quizás el que más motivo tiene para ser respetuoso con ellos eres tú. ¿Nos gusta que nos aplaudan durante las faenas; pero si nos protestan es ya una falta de respeto? Yo, como cualquier otro aficionado, pago mi abono o mi entrada, y el mismo derecho tengo a aplaudir lo que me gusta que a protestar lo que no, no es tan difícil de entender.
Está claro que en esta nueva fiesta del triunfalismo y del "todo vale" que nos quieren imponer, el aficionado que exige y así lo hace saber sobra; y lo que se busca es el público palmero que no moleste, que ría las gracias a los toreros y que solo vaya a la plaza a pedir las orejas. Ese público que, por ejemplo, ensalza a un torero que, queriendo forzar de forma ridícula un indulto y desobedeciendo a la autoridad, mata al toro después de escuchar los tres avisos saltándose el reglamento (eso sí, saltándoselo con torería. aroma y esencia, que para eso es Finito de Córdoba...); o ese público que en Madrid se pone más a favor de los toreros (si cabe) para provocar a aquellos aficionados más exigentes, algo que es verdaderamente lamentable y que cualquiera que sea asiduo a Las Ventas sabe que ocurre.
No sé quién se cree Finito de Córdoba para lanzar estos ataques a parte de la afición de Madrid; hablando como si fuera un líder que nunca ha sido ni será, y que si sigue toreando no es precisamente por sus éxitos rotundos en el ruedo.
Demuestra además en su entrevista en Aplausos, que además de un mal profesional, es mal compañero, permitiéndose el lujo de pegar un palo a El Cid por brindar a la hija de Fausto, aficionado del 7 fallecido hace unos meses y al que se refiere como "uno de los líderes del tendido 7", como si del cabecilla de una banda armada se tratase.
Hay que ser miserable para criticar a un compañero por brindar a la memoria de un DIFUNTO AFICIONADO. Si tuviera un mínimo de decencia, Finito debería disculparse por estas palabras, pero mientras ese público palmero le siga riendo las gracias... ¿para qué?

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