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lunes, 8 de junio de 2015

San Isidro 2015, luces y sombras

Comparto aquello de que lo bueno, si breve, dos veces bueno; pero ya pueden hacer una feria de San Isidro de 60 tardes que a mí se me pasaría igual de rápido. Lunes de resaca después de 31 tardes seguidas de toros en Madrid, en el que procede echar la vista atrás y analizar en frío lo que nos ha dejado esta feria.
Foto: Álvaro Marcos
Una feria que ya desde el principio dejaba algunas dudas y que a la postre ha acabado siendo, para mí bastante floja. Nombres propios hay, como no puede ser de otra forma, para bien y para mal.
Otro año más hemos tenido que aguantar, por partida doble y hasta en carteles "fuertes", a toreros como El Fandi o Padilla, que tendrán su público por supuesto, pero suman otro año más pasando con más pena que gloria por la primera plaza del mundo; y el año que viene, la cosa no cambiará, que es lo peor. Tampoco se entiende la presencia de los Capea, Silveti, Saldívar y compañía; pero más grave me parece la ausencia de confirmaciones, de carteles abiertos y de toreros jóvenes que puedan despertar nuestra ilusión, que falta hace.
Balance de la feria pobre, donde realmente no hay mucho que destacar. Sin duda alguna Juan Pedro se lleva el premio a la mejor corrida de toros en la que fue la mejor tarde del abono. Sobresalen toros importantes como Embestido, del propio Juan Pedro; Agitador de Fuente Ymbro, Lenguadito de El Torero o Jabatillo de Alcurrucén. Algún toro se puede señalar también de El Montecillo, Victoriano, Miura, Adolfo, o un sobrero de Parladé. Y poco más. 
Tuvimos que esperar hasta el último día para ver la que para mí ha sido la faena más vibrante de la feria, la de un titánico Rafaelillo, que sometió al peligroso Miura que hacía de cuarto; un toro que no puso ninguna facilidad y que el murciano cuajó en una faena de riesgo, verdad, exposición y buen toreo, inundando de emoción el tendido. La espada se llevó la que habría sido la única puerta grande rotunda de la feria. Emocionante también la faena de Escribano al sexto Adolfo al que arrancó una oreja más que merecida y faenón de Castella al toro de Alcurrucén que le valió una discutida puerta grande tras despachar al animal de un bajonazo. Me gustaron también Luque y Talavante con la corrida de Juan Pedro, la tarde de Morenito de Aranda y Eugenio de Mora, un serio Robleño en sus dos tardes o algunos detalles sin más de Urdiales, Decepción de toreros importantes como Perera, Juli o Fandiño que se van de vacío tras matar un buen número de toros y sin dejar las mejores sensaciones; o de otros como Manzanares, que parece no entender el toreo que gusta al aficionado de Madrid, y seguirá sin entenderlo, viendo que lo que hace le vale para cortar orejas también aquí. Otro de los nombres propios es el de López Simón, cuya irrupción en este mes de mayo ha sido una de las notas más positivas, por su disposición y sus ganas de ser torero. Ahora bien, su salida a hombros solo puede calificarse como un despropósito fruto de la excesiva bondad del público. Aún así, prefiero que sean este tipo de toreros los que triunfen, siempre y cuando les sirva después, como tendría que ser. Me alegro por Alberto. 
Buen nivel también en cuanto a novilleros, donde vinieron como hay que venir a Madrid en esta etapa toreros como Gonzalo Caballero, Roca Rey o Francisco José Espada en su papeleta ante 6 novillos; destacando también la personalidad de Posada. Lástima los percances de Galdós y Escudero, que tendrán su oportunidad el domingo 14 en un acierto de la empresa.
Preocupante también es el hueco en los tendidos de sol, que año a año se va haciendo más grande; si bien es cierto que durante toda la feria han pasado por la plaza en torno a 624.000 espectadores, por lo que la media es de unos 20.000 personas por tarde, un dato nada desdeñable; colgándose el cartel de no hay billetes en no pocos festejos. Este año además la presencia de gente joven en la plaza ha sido mucho mayor que otros años, lo cual es una enorme alegría.
Pero sin duda este San Isidro nos deja síntomas de la decadencia de la plaza de Madrid, en lo que a exigencia se refiere. Habrá que preguntarse por qué, pero es asombrosa y preocupante la facilidad con la que la gente ha sacado los pañuelos durante esta feria en los tendidos de Las Ventas. Se han cortado orejas (despojos, más bien) incomprensibles que han hecho que la plaza de Las Ventas dé un paso más para perder su condición de primera plaza del mundo. Dos veces dos se ha abierto la puerta grande, una para Sebastián Castella tras un bajonazo, y otra para López Simón, a todas luces excesiva, aunque el madrileño echó una gran tarde. Una pena ver cómo todos aquellos que sacan los pañuelos para pedir orejas no dicen nada para protestar los toros impresentables y/o inválidos que nos tragamos cada tarde. Es cierto que el público es soberano, pero el nivel de exigencia de esta feria ha sido sorprendente... para mal. Las Ventas, cada vez más parecida a una plaza de pueblo. ¿Es esta fiesta del triunfalismo y alegría la que nos quieren vender? Mi fiesta, desde luego, no es así.

Todo esto es lo que queda, para mí, tras estos 31 días de toros en la plaza de Madrid, con sus luces y sus sombras, pero que acaban siendo sin duda lo mejor del año. Comienza la cuenta atrás, otra vez.

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