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sábado, 10 de octubre de 2015

Totalitarios


"Un pueblo que no defiende su cultura, es un pueblo sin identidad."
A estas alturas imagino que nadie discreparía conmigo si digo que la tauromaquia es un elemento  casi intrínseco de la cultura de nuestro país. Siglos de historia y tradición así lo demuestran; y la obra de artistas como Lorca, Picasso, Goya o el propio Dalí no hace más que reforzar esta afirmación. Y es que no se entiende la historia de España sin la tauromaquia; tauromaquia como arte, como expresión cultural, como seña de identidad de un pueblo que tiene derecho a seguir disfrutando de ella; porque la cultura es del pueblo; y nadie tiene derecho a arrebatársela.
Vivimos una época difícil, en la que parece que los millones de adeptos a la fiesta de los toros estamos "señalados" por estas nuevas corrientes radicales que llevan por bandera la defensa de los derechos sociales, la libertad y la justicia social... Pero no para todos, ya que como estamos pudiendo comprobar, esta gente no tiene ningún reparo en contradecir estos principios para atacar sin piedad a la tauromaquia. Y el motivo, claro está, nada tiene que ver con la defensa de los animales.
Este argumento, el de la defensa de los animales, aunque resulte irrisorio, sí que podría ser esgrimido para justificar la prohibición de las corridas de toros. Irrisorio, como digo, porque claro está que los derechos de los ciudadanos, recogidos en la Constitución, están por encima de los derechos de los animales. Pero dos sucesos recientes ponen de manifiesto que no es la defensa de los animales lo que mueve esta cruzada contra la tauromaquia.
¿Cómo explicamos entonces la retirada de la subvención por parte del ayuntamiento de Madrid a la escuela de tauromaquia de Madrid; y su deseo de echar a los chavales de la que ha sido su casa, El Batán, durante tantos años? El argumento animalista no se sostiene para justificar la cacicada que supone querer cerrar una ESCUELA no ya de toreros, sino de valores, de personas, de ilusiones de niños que sueñan con ver cumplido su sueño.
¿Cómo explicamos también, la negativa del ayuntamiento de Barcelona a la colocación del cartel que vemos arriba, donde Morante de la Puebla rinde homenaje a Dalí, en un edificio de la ciudad condal? No estamos ante otro ataque a la fiesta; sino que nos encontramos ante un claro ejemplo de censura en pleno siglo XXI, un auténtico atropello a la libertad de expresión.
La cuestión que subyace no es animalista, sino obviamente política. Se tiende a asociar, tristemente, la tauromaquia a una ideología; y los dirigentes de estos nuevos partidos atacan la tauromaquia solo por complacer a quienes les siguen; el odio con el que parte de la sociedad contempla a la tauromaquia y a sus aficionados está teniendo cabida en los gobiernos; lo que solo puede dar lugar a estas situaciones, tan injustas como ilegales, visto lo visto.

Pero se equivocan, la tauromaquia no es de izquierdas, ni de derechas, es del PUEBLO. La cultura no entiende de ideologías, sino de sentimientos. Y quienes prohíben por prohibir, quienes privan al pueblo de sus derechos, quienes pretenden arrebatarle su cultura, solo pueden recibir un nombre: TOTALITARIOS.


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